La recuperación global está en marcha, pero todavía existe una incertidumbre elevada, con riesgos latentes en el corto plazo. En este contexto, el proceso de recuperación de la economía española va a ser lento y difícil. En particular, los ajustes que se están afrontando (redimensionamiento del sector inmobiliario, proceso de desapalancamiento de los agentes privados) condicionan su recuperación a corto plazo. Adicionalmente, un factor fundamental durante el próximo año será el proceso de consolidación fiscal propuesto, el cual es necesario y traerá impactos diferenciados en el corto y largo plazo. En los próximos años, la tasa de crecimiento convergerá al 2%, que seguirá siendo superior a la observada en el conjunto de los países de la zona euro. De todas maneras, es posible mejorar estas perspectivas de crecimiento potencial si se acelera el ritmo de adopción de las reformas estructurales en marcha o se decide la adopción de aquellas que forman parte del amplio consenso que existe entre instituciones nacionales e internacionales.